Lo que buscas...

Vamos a suponer que estás soñando con un Ferrari rojo descapotable...

Vamos a suponer que estás soñando con un Ferrari rojo descapotable... Vas por la carretera recta y derecha. El cielo está abierto sin una solo nube por encima de tu cabeza. Sientes los rayos del sol en tu piel y la caricia del viento en tus cabellos, en tu cara. El mundo se abre delante de ti... Pisas el acelerador y el coche responde obedientemente, impecablemente, implacablemente, aplacándote contra el asiento mientras sientes esa aceleración que te deja sin aliento... El mundo es tuyo. Arriba, Dios, tú, aquí abajo, no muy abajo, solo un poco más abajo. En realidad, estás casi a su lado, en ese Ferrari repleto de caballos salvajes, todos y cada uno de ellos a tus órdenes y deseos... Aceleras todavía más y el paisaje se transforma en lineas horizontales que desfilan a la velocidad del rayo, oyes el silbido del viento y te fundes con el paisaje... Llegas a una ciudad, ralentizas y entras por la calle principal... Ahora, sientes un dulce calor en tu piel provocado por la desaceleración, el burbujeó de tu propia sangre que eriza tu piel... Todo el mundo te mira como dándote la bienvenida con una mezcla de admiración y complicidad en sus ojos, como si supieran de donde vienes y lo que acabas de vivir. Estás triunfando sin tener que abrir la boca. Sientes esa conexión con todos y todas... Eres joven, guapo/a, potente y el mundo es realmente tuyo! Te lo acaban de entregar con ese flamante Ferrari rojo. ¡Te sientes bien, tan bien! Ahora, ya lo sabes. Algún día ese Ferrari será tuyo y vivirás todas esas sensaciones, aunque sea lo último que hagas... Tu Ferrari... tus emociones... Tu meta...

Tu nueva meta en la vida es conseguir ese Ferrari. El Ferrari ahora es un hito, una marca en tu camino. Hay un antes y un después. Te marcas ese objetivo. Lo declaras alto y claro y empiezas a aplicar todo lo que sabes de la Ley de la Atracción. Vas a atraer ese Ferrari... Con todas tus fuerzas... Pero... Piensa otra vez... ¿Qué estás atrayendo? Un precioso... montón de chatarra! Y tú, ¿qué es lo que querías de verdad? ¿El Ferrari o la sensación?

Tu querías el Ferrari, la sensualidad, la fuerza bruta, la libertad, la belleza, la juventud, la atención de la gente, el triunfo... La sensación, la sensación de sentirte bien. La emoción, la energía. ¿Energía? ¡Pues sí! ¡Claro! En el fondo es lo que andabas buscando... esa energía, la de la sensualidad, del poder de la libertad, de la admiración de los demás... no el Ferrari. Pero, creías que el Ferrari te la iba a dar... bueno, quizás... Pero eso no era tan seguro... Lo que era más seguro es que te iba a proporcionar un montón de multas y la atención de un montón de policías...

¿Así que lo que buscas es energía? ¡Bienvenido/a al club! Es lo que todos andamos buscando, todo el tiempo, día noche y por todos lo medios. Necesitamos esa energía para sentirnos bien. Ahora sustituye el Ferrari por cualquier otra cosa: ropa, éxito, belleza, comida... la meta final es sentirte bien, siempre. Asegurarte una fuente de energía permanente, o casi, tan vital como el sol. Solo así, lograrás sentirte bien. Definitivamente bien.

Quieres dinero porque el dinero es libertad, seguridad, fuente de energía(s), en fin paz... ¿Paz? ¡Sí! Paz: sentirte bien... Sentirte seguro/a. Tener tu fuente de energía asegurada en todo momento. El bebé necesita caricias y mimos, casi más que leche porque así recibe su energía. El niño la atención de sus padres, el adolescente la aprobación de sus amigos, el adulto el triunfo entre sus colegas, la mujer los cumplidos de su marido y sus amigas, el hombre la admiración de su mujer y sus amigos, ambos la certeza de poder atraer al otro u otros... Y así tu barrio busca el respeto del resto de la ciudad, la ciudad su ranking o el de su equipo de fútbol entre las otras ciudades, tu país o el continente sus fuentes de energía (fósiles o renovables)... Y estamos dispuestos a cualquier cosa con tal de que nos llegue esa energía. Es el alimento principal.

Cuando no se recibe el bebé llora, el niño patalea, el adolescente se pone borde o violento, el adulto refunfuña o conspira, la mujer critica, el hombre grita, el trabajador incumple o boicotea, el barrio se rebela o se hace peligroso, la ciudad compite o se alborota, el país se aísla o entra en guerra... Mientras tanto, un musulmán se postra ante su Dios, un cristiano se arrodilla ante el suyo, un budista se inclina, un yogui medita... Cada uno su fórmula, su técnica, su táctica...

Vamos todo el día buscando la fuente de energía como los sedientos buscan agua en el desierto. Cada uno/a de nosotros tiene su propia estrategia y tácticas para conseguir su energía aunque la mayor parte del día la dediquemos a robar la de los demás. Y ¿cómo lo hacemos?

Lo hacemos cuando los criticamos, cuando no nos alegramos de sus triunfos, cuando nos ponemos celosos de sus logros, cuando les caemos a preguntas o advertencias (presuntamente bien intencionadas), cuando nos negamos a escucharlos o cuando les escuchamos sin prestarles atención o sin mirarles a los ojos, cuando les escuchamos preparando nuestra propia respuesta en lugar de escucharlos, cuando les gritamos en lugar de animarlos, cuando desaprobamos sus elecciones en lugar de apoyarlas, cuando nos negamos a integrarlos en un grupo o asociación, cuando nos negamos a tocarlos. Fundamentalmente, cuando no los respetamos, cuando nos creemos mejores o por encima de ellos o sea más merecedores de energía porque estamos dispuestos a robarle la suya, actuando deliberadamente como auténticos vampiros.

Ahora bien... ¿Qué sería de nuestro mundo si entendiéramos que la energía es infinita y multiplicable? ¿Qué pasaría si en lugar de robar energía hoy, la regalaras? ¿Qué pasaría si en lugar de creer en la escasez, le dieras una oportunidad a la abundancia para que asome la nariz en tu vida? Qué pasaría si en lugar de buscar algo que criticar, buscaras algo que alabar? ¿Que pasaría hoy si apagaras, por un momento, tu hemisferio izquierdo, el que te separa de los demás y alimenta tu espíritu crítico y pusieras en marcha, por un instante, tu hemisferio derecho, el que te une a todas las cosas y a la misma fuente? ¿Que pasaría si dejaras de preguntar y te dedicaras a escuchar lo que se dice y no se dice? ¿Qué pasaría si en lugar de contar y discriminar entre lo bueno y lo malo, te dedicaras a observar solo lo que de verdad cuenta? ¿Qué pasaría si miraras a cada persona hablando a los ojos proporcionándole energía en forma de atención, en lugar de andar buscando una respuesta? ¿Que pasaría hoy si integraras a una persona en tu entorno? ¿Qué pasaría si dejaras de lado tus miedos para probar, aunque sea por un instante, esta forma diferente de actuar? ¿Qué pasaría si aceptaras tus miedos, pero lo probaras de todas formas? ¿Que pasaría si acallaras la mente por un momento o dos y te conectaras directamente a la fuente? ¿Qué pasaría si regalaras una sonrisa, si abrazaras un árbol o un niño? ¿Qué pasaría si te atrevieras a creer que energía hay para todos y que regalándola en lugar de robarla la multiplicamos?

Pruébalo y, por favor, cuéntamelo.
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