Hábitos . De resolución a resultados (6)

Hemos pasado de tener un buen deseo a formular una buena resolución. Hemos visto la importancia de asumir la responsabilidad de nuestro propio destino pasando a la acción. Hemos enunciado nuestro objetivo de forma clara y concreta, y aprendido a usar la metodología CAMP. También hemos encontrado el valor necesario para anunciárselo a nuestro entorno creando así un momento para que empiece a tomar forma nuestro trabajo. ¡Ya estamos en marcha! Buena parte del trabajo ya está hecha. Pero aún queda...

Hemos pasado de tener un buen deseo a formular una buena resolución. Hemos visto la importancia de asumir la responsabilidad de nuestro propio destino pasando a la acción. Hemos enunciado nuestro objetivo de forma clara y concreta, y aprendido a usar la metodología CAMP. También hemos encontrado el valor necesario para anunciárselo a nuestro entorno creando así un momento para que empiece a tomar forma nuestro trabajo. ¡Ya estamos en marcha! Buena parte del trabajo ya está hecha.

Ahora se trata de entender un nuevo concepto: el de la disciplina. Muchas personas ven en la disciplina una privación de su libertad porque piensan que atándose a una cierta regularidad, pierden la espontaneidad y con ella la libertad. La verdad es todo lo contrario. La disciplina es una expresión de tu libertad. La de elegir, la más importante de todas. Cuando eliges una cosa (o sea des-eligiendo otra), estás haciendo un verdadero ejercicio de libertad. Por lo tanto, cuando eliges dedicar 3 mañanas a ir al gimnasio, estás diciendo fundamentalmente que eres un ser libre y responsable, capaz de comprometerse con una intención y un programa.

¿Que tiene que ver la disciplina con las buenas resoluciones? Hemos hablado anteriormente del hecho que el flujo de nuestra vida se compone mayoritariamente de una colección de hábitos que desarrollamos a diario de forma semi-automática. Muchas veces nos vemos atrapados por ese flujo cuyo resultado es el escenario actual de nuestra vida. Si queremos que cambien las cosas, tienen que cambiar los hábitos y para ello... hace falta hablar de disciplina.

Se dice que un nuevo hábito tarda 21 días en instalarse. Se supone que ese es el tiempo necesario para crear nuevas conexiones neuronales. El quid de la cuestión, pues, es ir desarrollando ese hábito durante esos primeros 21 días. Para ello, no tenemos más remedio que aplicarnos una buena dosis de disciplina. Pero ¡ojo! aquí cabe un consejo: esa disciplina no la malgastemos intentando desarraigar los hábitos que queremos reemplazar. Eso no va así ya que es casi imposible erradicar un viejo hábito. Lo que sí es posible, es tratar de empujarlo a los lados ocupando su espacio físico con otro más saludable. Si tu hábito es quedarte aplastado/a en el sofá y que ahora has deicidio salir a correr 5 quilómetros cada día, no hace falta que te cuente las resistencias que vas a encontrar ¿verdad? De ahí, la enorme importancia de la disciplina.

Y tú, ¿en que hábito nuevo vas a invertir la fuerza de tu disciplina?
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