Deseos y resoluciones.De resolución a resultados (2)

Como suelo decir, la mayoría de las buenas resoluciones tomadas la víspera de Año Nuevo se quedan solo en eso, palabras que se las lleva el viento, porque en realidad ni siquiera son resoluciones, sino meros deseos. ¿Que diferencia pues hay entre deseos y resoluciones?

Como suelo decir, la mayoría de las buenas resoluciones tomadas la víspera de Año Nuevo se quedan solo en eso, palabras que se las lleva el viento, porque en realidad ni siquiera son resoluciones, sino meros deseos. ¿Que diferencia pues hay entre deseos y resoluciones?

Primero vamos a ver lo que los une. Lo que une los deseos y las resoluciones es una fuerza muy importante, cuando se sabe hacer uso de ella. Se trata, ni más ni menos, que del poder de la intención. La intención es una fuerza mágica, una energía increíble que hace que las mayores hazañas parezcan acontecimientos anodinos (por ejemplo volar de forma rutinaria entre continentes...). Esta energía, la de la intención, es el fuel de los logros y avances de la humanidad.

Pero, igual que deseos y resoluciones tienen un sólido punto de encuentro en el poder de la intención, se distinguen en casi todo el resto. La diferencia más importante entre ambos es la siguiente: los deseos conllevan una actitud pasiva mientras que las resoluciones conllevan una energía activa. Y lo que realmente distingue actividad y pasividad es la responsabilidad que asume y demuestra la persona hacia su vida y sus circunstancias.

Cuando una persona pasa a la acción significa que está asumiendo la responsabilidad de su situación. Esencialmente, está comunicando que se pone en marcha con la intención de obtener un cierto resultado o provocar un cambio. Mientras tanto, una persona pasiva no asume ninguna responsabilidad. Esencialmente, comunica que es solo una víctima de sus circunstancias. De ahí se desprende que la actividad es una expresión de libertad mientras que la pasividad es una expresión de esclavitud.

En ambos casos depende de ti. Tu decides. O bien tomas las riendas de tu destino y tomas buenas resoluciones o bien te quedas en los buenos deseos. Recuerda en ambos casos es tu decisión la que cuenta, aunque creas que no. Eso es así porque la falta de decisión es de por si una decisión (la de no decidir).

En realidad no hay escapatoria posible. O bien decides lo que quieres, o bien decides que vas a dejar esa decisión en manos de otros. Ahora bien, dime una cosa ¿quien crees que será más capaz de cuidar de tus intereses y hacer que tus deseos se tornen realidad? ¿Tu o los demás?
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