¡Anúncialo! De resolución a resultados (5)

Volvamos por un instante a la frase que estábamos analizando en el post anterior: “El 7 de enero empiezo una dieta y una nueva rutina física. Iré al gimnasio dos veces por semana, los lunes y jueves por la mañana, antes de ir al trabajo, y perderé 5 kilos antes del 31 de marzo”...

Volvamos por un instante a la frase que estábamos analizando en el post anterior: “El 7 de enero empiezo una dieta y una nueva rutina física. Iré al gimnasio dos veces por semana, los lunes y jueves por la mañana, antes de ir al trabajo, y perderé 5 kilos antes del 31 de marzo”

Marcarse un objetivo de esta forma tiene muchas más posibilidades de prosperar porque se enuncia, y anuncia (!), a la vez. Cuando anuncias tu objetivo en público (y a ti mismo/a) creas un cierto grado de compromiso moral para alcanzarlo.

Muchas veces preferimos no anunciar nuestros objetivos porque tememos tener que afrontar, más tarde, una posición bastante incomoda en el caso de que no se cumplan. Partimos, entonces, con un compromiso tambaleante diciéndonos: “yo no he dicho nada, a ver lo que pasa...”. Tanto es así que hasta nos olvidamos de enunciarnos a nosotros mismos nuestro objetivo, y esto es ya mucho más grave y disminuye considerablemente la posibilidad de realizar aquel objetivo.

Sabemos pues que si se lo anunciamos a todo el mundo, nos estamos metiendo en un compromiso. Y de eso precisamente se trata. De girar las tablas y ponerlas a nuestro favor utilizando un mecanismo que nos ha ido lastrando en el pasado. Nos incumbe a nosotros crear el compromiso y la presión necesaria para que este objetivo se cumpla. Considera lo siguiente: si tu mismo o tu misma no te comprometes con tu propio objetivo ¿quien lo va a hacer por ti?

En el próximo post, hablaremos de lo que hay que hacer una vez que se anuncia el objetivo y de otra forma de poner las fuerzas de la materialización a nuestro favor.
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