Urantia

Esta mañana desperté con una profunda sensación de dolor...

Había soñado que estaba contemplando un animal agonizando. Era un ave con un pico grande como los que cazaba mi papa cuando yo era niño...

Esta mañana desperté con una profunda sensación de dolor...

Había soñado que estaba contemplando un animal agonizando. Era un ave con un pico grande como los que cazaba mi papa cuando yo era niño. El ave me miraba a los ojos abriendo y cerrando el pico sin producir sonido alguno. Yo podía sentir su dolor, su pena pero sobre todo su enorme sorpresa. ¿Por qué? ¿Por qué iba alguien querer reducir este precioso animal que surcaba los cielos feliz a un amasijo de plumas y dolor sin forma definida? No lo podía entender. No lo podía entender él ni lo podía entender yo...

Me entró tal sensación de dolor y compasión que yo también gritaba en sueño para que algo o alguien hiciera algo. Quería ayudarlo pero no podía alcanzarlo como si estuviéramos separados por un cristal. Yo gritaba, daba golpes en el cristal pero tampoco a mi se me oía... Me quedaba ahí embargado por una enorme sensación de impotencia y dolor. Mil preguntas surcaban mi cerebro y mi frente... No podía entender nada. ¿Por qué? ¿Por qué iba alguien querer reducir algo tan bonito a un amasijo de dolor y lamentos?

Después de un largo rato entendí que solo me quedaba rendirme ante la vida y aceptar lo inevitable. Fluir con el flujo de lo que estaba ocurriendo en lugar de combatirlo... Pero algo dentro de mi seguía en rebeldía. Dentro de mi yacía el ave moviendo el pico herido y repitiendo “pero no tiene porque ser así, no tiene porque ser así...” y de repente entendí, recordé, entendí...

Entendí, recordé, entendí de donde provenía tanta rebeldía, tanto idealismo, tanta pasión, tanto “pero no tiene porque ser así...” Debajo de mi piel yace todavía, demasiado caliente y demasiado cerca, el recuerdo de mundos diferentes donde el aprendizaje y la evolución no tienen porque ir forzosamente ligados al dolor y la violencia.

Dicen que en Urantia se evoluciona sin dolor, yo creo que debo de ser de ahí. Sigo creyendo en el potencial que tenemos de evolucionar sin hacer daño, de crecer sin destruir lo bello, de sentir sin tener miedo y de vivir sin levantar fronteras entre nosotros y dentro de nosotros mismos...

Por ahora, esta mañana hago el ejercicio de rendición. Me desapego y acepto fluir con los vientos. Después de todo soy aire y es posible que mi esencia se mezcle con estos vientos y que su flujo me devuelva a Urantia o que quede esparcido por esas dunas.
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