A los elefantes más grandes se les ata con la cuerda más fina. De resolución a resultados (7)

Muchas veces escucho de boca de mis clientes alguna de las siguientes frases: “la verdad es que me gustaría mucho, pero no puedo...” o bien “no sé si puedo hacerlo...” o “si yo pudiera, haría tal o tal cosa...” El motivo de este post es hablarte de esos impedimentos mentales que nos imponemos de vez en cuando y dejamos que echen raíz en nuestra vida hasta que pasen a dominarnos por completo. Para ello, te voy a contar la anécdota de los elefantes de Tailandia.

Muchas veces escucho de boca de mis clientes alguna de las siguientes frases: “la verdad es que me gustaría mucho, pero no puedo...” o bien “no sé si puedo hacerlo...” o “si yo pudiera, haría tal o tal cosa...” El motivo de este post es hablarte de esos impedimentos mentales que nos imponemos de vez en cuando y dejamos que echen raíz en nuestra vida hasta que pasen a dominarnos por completo. Para ello, te voy a contar la anécdota de los elefantes de Tailandia.

Hace algunos años, viajando por el norte de Tailandia, país de muchos elefantes, me di cuenta de un hecho bastante curioso. A los elefantes pequeños, se les ataba con una gruesa cadena mientras a los grandes, mucho más potentes, los amarraban con una cuerda finita. Picado por la curiosidad, ya que no lograba encontrarle ninguna explicación lógica a este tema, decidí indagar más. Esa fue la respuesta que obtuve de uno de los cuidadores de elefantes:

“Cuando el elefante es pequeño, lo atamos con una buena cadena porque siempre trata de escaparse. Día tras día, va tirando tratando de romper la cadena pero, si esta resulta lo suficientemente gruesa, no lo podrá hacer. Así es que llega un buen día en que el elefante aprende lo que significa estar atado, deja de intentar escaparse y se queda quieto al lado del poste. A partir de ese día, pasamos a atarlo con una cuerda ya que, para él, que sea con cadena o con cuerda, estar atado significa que se tiene que quedar al lado del poste. Ya no se pregunta si puede marcharse o no.”

Tomando en cuenta que un elefante adulto, rompería fácilmente la cadena o arrancaría el poste si se lo propusiera, es increíble que se le logre someter con ese sencillo freno mental. En realidad solo se trata de un juego psicológico en el que cae el elefante adiestrado.

Rara vez, ante un “me gustaría, pero...” podremos afirmar que existe un verdadero impedimento. La mayoría de las veces, indagando, lo que se encuentra es un mero impedimento mental, algún miedo o comportamiento tan asumido que ya ni se cuestiona uno. Así es que aún cuando cambien las circunstancias a nuestro favor o bien aumenten nuestros recursos, seguimos con una imagen distorsionada de impotencia total. En realidad, nos acabamos atando nosotros mismos con una cuerdecita que nos mantiene amarrados a nuestro poste, a ese “sí, pero no puedo...”.

¿Y tú, que ves? ¿Que creencia te tiene atrapado/a? ¿Te has preguntado si eso es de verdad una gruesa cadena o una cuerdecita?
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