El Poder de las Palabras

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Hablar o callar? That is the question!

El otro día estuve con una amiga y noté que estaba un poco alicaída...

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Hablar o callar? That is the question!

El otro día estuve con una amiga y noté que estaba un poco alicaída. Desde luego no era la persona efervescente y entusiasta que suele ser. Así que después de un momento de vacilación, decidí preguntarle lo que pasaba... Al principio se sorprendió de que lo notara luego, pensando en lo que podía decir, declaró que no estaba preparada para hablar porque no tenía las ideas claras ni lograba aclararse lo suficiente para formularlas. Eso me hizo pensar en las múltiples funciones de la conversación...

Hablar se compone de muchas cosas y no es necesariamente lo contrario de callar. Hablamos para enunciar, comunicar, denunciar, explicar y muchas cosas más... pero rara vez se nos permite hablar por hablar... ¿Cuantas personas están de verdad dispuestas a escucharte dando vueltas y vueltas en busca de tus propias palabras hasta que te aclares y eso sin juzgarte, sin corregirte, sin intentar demostrar que lo que estás diciendo no tiene sentido? ¿Cuantas personas escuchan de verdad, sin tener colgada ya una respuesta en los labios a la espera de poder aprovechar el primer hueco para tirártela a la cara? Hablar es también una herramienta que tenemos para aclarar nuestras propias ideas y sentimientos. Hablar consta de sonidos y silencios y me atrevería a decir que los silencios tienen tanta importancia como los sonidos. Imagina una serie de sonidos tan densa que no existe silencio entre ellos, ¿verdad que no sería ni siquiera descifrable?

Lo cierto es que pude comprobar aquel día una vez más como el mero hecho de crear un espacio en el que una persona se pueda expresar sin temor a ser enjuiciada la puede ayudar a descubrir aquello que todavía no tiene nombre en su mente y le ofrece una verdadera liberación... Es bello hablar, pero es igualmente bello escuchar las palabras y los silencios del otro. Se crea una sintonía tal que nace la magia y siempre surge algo nuevo...

Pero también existen situaciones en las que hablar no es lo más indicado... y no son las que la mayoría de la gente se piensa. A veces necesitas utilizar tu cerebro a modo de incubadora. Es cuando está naciendo una idea, una idea que de momento solo quiere estar contigo y el mero hecho de compartirla la puede hacer desaparecer: es como una planta diminuta que todavía no soporta estar al aire libre, déjala germinar y así crecerá sana y segura...

Otra situación en la que es bueno callar es cuando se nos va la fuerza por la boca. Hablar no es sustituto de actuar pero muchas veces lo usamos como tal. Hablamos de un proyecto o de una resolución y nos damos la impresión a nosotros mismos que aquellos ya están en marcha. Nos dormimos y luego no ocurre nada. En ese caso es mejor hablar menos y hacer más.

He dicho antes que es bueno callar pero, a veces, no precisamente cuando la gente decide hacerlo... A veces, por miedo a cualquier conflicto o cuando algo no nos encaja, pagamos con nuestro silencio (muchas veces reprobador)... Ese es el tipo de silencio del que hay demasiado en nuestra sociedad. Alguien dice algo que no te gusta o no te encaja y aparece la cura del silencio. ¿Por qué? Si es precisamente de esas diferencias que nace la riqueza, decir lo que sientes o lo que piensas no es necesariamente confrontar. A veces es solo enriquecer y ofrecer la oportunidad al otro de conocerte más y mejor o de explicarse o rectificar si lo ve necesario. ¿Cuantas relaciones mutuamente beneficiosas hemos terminado o dejado pasar solo porque en algún momento nos negamos a hablar?

El saber hablar es la función que más nos diferenció en un momento dado de los animales... Alguien una vez me dijo "¿Porque se le da importancia a las palabras y no a los hechos, porque un escrito duele y no duele alejarse del amor y de los sentimientos...?" ¿Será porque mientras hemos sabido desarrollar una civilización entera alrededor de las palabras y de como utilizarlas, escribirlas, memorizarlas, transmitirlas, tergiversarlas, guardarlas, re-memorizarlas... no hemos descubierto nunca como mantener un beso sobre nuestra mejilla? Hablar... Escuchar...  Callar.... Sentir...

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